viernes, 2 de marzo de 2012

Introducción a la sabiduría de Luis Vives

Capítulo I


De la Sabiduría

1. La verdadera sabiduría es juzgar bien de las cosas, con juicio entero, y no estragado, de tal manera, que estimemos, a cada cual en aquello que ella es, y no nos vayamos tras las cosas viles como si fuesen preciosas, ni desechemos las viles por preciosas, ni vituperemos las que merecen loor, ni loemos las que de suyo merecen ser vituperadas.

2. Porque no hay error en el entendimiento ni vicio que no nazca de aquí, ni hay cosa en toda la vida que mayor destrucción traiga que tener dañado el juicio, de manera que no pueda apreciar y estimar las cosas en su verdadero y justo precio.

3. Cerca de lo cual es de notar que son dañosas las opiniones del vulgo, que con grandísimo desatino juzga de las cosas.

4. Gran maestro es el pueblo para arrostrar a errar.

5. y con el que con buena afición sigue el camino de la sabiduría, la mayor pena que tenemos es en su libertad, sacándole de la tiranía de las opiniones populares, si ya le tienen usurpado el juicio.

6. Tenga primeramente el tal por sospechoso todo aquello que el pueblo con gran consentimiento aprueba, hasta que con buen tino torne a para por la balanza en que pasan todas las cosas aquellas, que las miden por virtud.

7. Y aprenda cada uno desde mozo buenas opiniones, y acostúmbrese a ellas, porque será grandísimo el fruto que después le darán, creciendo juntamente con la edad.


8. Sus apetitos y deseos confórmelos con la razón; huya con gran diligencia de los que de ella se desvían y tuercen; porque esta costumbre en bien hacer, refrenando las pasiones, se apegue tanto, que casi sea tan natural, que ya no haya cosa que le traiga a hacer el mal si no fuese forzado y traído como de los caballos arrastrando.

9. Se ha de tomar la más excelente manera de vivir, la cual con la costumbre, será la más apacible.


10. Todo el resto de la vida cuelga de la crianza de la mocedad.

11. Sea, pues, en esta carrera que tomamos de la sabiduría el primer paso aquel dicho tan trillado de todos los antiguos que es: Que se conozca a sí mismo, porque sepamos juzgar de nuestras cosas, y veamos lo que nos toca las ajenas.



Capítulo II

De la Clasificación de las cosas


12. El hombre está compuesto de cuerpo y de ánimo. Nuestro cuerpo es tierra y de estos elementos que vemos y tocamos, semejante en esto a los cuerpos de los otros animales.

13. El ánimo, don de Dios, divinamente nos es dado semejante a los ángeles al mismo Dios; por el cual se juzga y se toma el hombre, y aún él solo, sin respeto del cuerpo, habría de ser llamado el hombre, según el parecer de los más excelentes filósofos que antiguamente trataron esta materia.


14. El cuerpo hay hermosura, buena disposición, sanidad, firmeza, integridad, fuerza, desenvoltura, ligereza, deleite; y sus contrarios, fealdad, enfermedad, flaqueza, atamiento, pesadumbre, manquedad, dolor, y otras cosas que al cuerpo o son provechosas o dañosas.


15. En el ánimo hay saber y virtud; y sus contrarios, ignorancia y vicio.

16. Todas las otras cosas no tocan al hombre fuera de él están, como son: riquezas, estados señoríos, nobleza, dignidades, gloria, fama, favor; y sus contrarios, pobreza, bajeza de estado, deshonra, aborrecimiento y otras cosas semejantes